Después de tres años de trabajo, Patito Pena presenta ALATRISTE, su primer álbum de larga duración y el hito más importante de su proyecto hasta ahora. Luego de desarrollar una etapa marcada por versiones de canciones populares, el músico y productor chileno reúne siete composiciones originales y una versión de Américo en un disco que sintetiza los intereses musicales y literarios que han dado forma a su identidad artística.
El título resume el ánimo que atraviesa el álbum: todas sus canciones están, en palabras del artista, “a-la-triste”. El juego de palabras funciona también como una declaración estética. Sus letras abordan las rupturas, la soledad, el amor como experiencia trascendental y el desencanto frente a ciertos aspectos de la sociedad. Aunque la melancolía es el hilo conductor, las canciones exploran ritmos y sonoridades muy distintas.
“desanimado” incorpora elementos del drum ’n’ bass junto a instrumentos como el bombo legüero y la guitarra acústica. “roto corazón”, que cuenta con la colaboración de Izzy, experimenta con el funk brasileño y el dembow, mientras que “reino dorado” toma inspiración de la música india y la combina con estructuras vinculadas al folclor argentino. En contraste, “por mucho tiempo más” representa la faceta más íntima del bedroom pop que caracteriza al proyecto. Esta diversidad se articula mediante elementos recurrentes: samples literarios, filtros vocales, la voz profunda de Patito Pena y una producción de texturas oscuras y vintage.

Las letras ocupan un lugar central en ese universo. En “me falta alguien”, inspirada parcialmente en una reflexión del ilusionista argentino René Lavand, la ausencia amorosa se cruza con la magia y la poesía. “amoraedavi” explora el amor universal a través de un lenguaje inventado a partir de palabras conocidas. “Cuando acabe el mundo”, en cambio, dirige la mirada hacia el presente digital con una sátira sobre la cultura influencer, la viralidad y la necesidad de convertir cualquier acontecimiento en contenido.
Aunque las canciones se grabaron principalmente en la habitación del artista, el disco se trabajó entre Chile, México y Argentina. Patito Pena comparte la producción con Tomás Serrano, mientras que el ingeniero argentino Ezequiel Kronenberg —con créditos junto a Duki, Paco Amoroso y Miranda!— estuvo a cargo de la mezcla y masterización, aportando una sonoridad densa y de carácter vintage. Las baterías fueron grabadas por Guille Salort, baterista de Conociendo Rusia. Francisco Ruiz estuvo a cargo de los bajos, Claudio Rojas aportó guitarras y charangos en dos canciones, y Serrano sumó pianos y teclados.
La dimensión artesanal del proyecto también se extiende a lo visual. Bajo la dirección de arte de Jabitotal, el universo gráfico reúne retratos trabajados al óleo y fotografías análogas que dialogan con la intimidad de las canciones. Las portadas y los videos, desarrollados de manera independiente, prolongan esa estética y mantienen el carácter hecho a mano que atraviesa el proyecto.
El álbum incluye también una versión de “El Embrujo”, de Américo, como cuarto track. La canción conecta con la etapa en que Patito Pena comenzó a ganar público a través de sus covers y funciona como un puente hacia un repertorio que ahora pone sus propias composiciones en primer plano. Con ALATRISTE, el músico reúne tres años de trabajo, exploración sonora y escritura en el primer álbum que presenta de manera integral el universo de Patito Pena.
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